Curiosidades porcinas: etología con hocico y buen humor

Nathalia María del Pilar Correa, MV, Esp., MSc, DSc.
Dirección de I&D Biotecno
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Los cerdos son mucho más que jamón con patas: son vecinos chismosos, cerebritos curiosos y expertos en ‘spa de barro’. Este Bioboletín te invita a conocerlos desde su comportamiento, emociones y relaciones sociales, combinando humor y ciencia para demostrar que bajo el lodo hay mucho cerebro y corazón.

Lejos de su reputación como animales toscos, los cerdos poseen una inteligencia notable, comparable a la de perros y algunos primates. Son capaces de recordar ubicaciones, aprender tareas complejas y resolver problemas espaciales con sorprendente eficacia (Marino & Colvin, 2015; Rekiel et al., 2023).

Un estudio clásico demostró que varios cerdos podían utilizar un espejo para localizar alimento oculto, integrando información visual y espacial de manera sofisticada, una habilidad poco común en el reino animal (Broom et al., 2009). En contextos de producción, estas capacidades cognitivas deben considerarse al diseñar estrategias de enriquecimiento ambiental y manejo positivo, dado que los animales expuestos a estimulación cognitiva muestran mejores indicadores de bienestar y desempeño productivo (Marino & Colvin, 2015).

En condiciones naturales, los cerdos viven en grupos sociales estables conformados por hembras emparentadas y sus crías, mientras que los machos adultos tienden a llevar una vida más solitaria. Estos grupos exhiben jerarquías bien definidas y redes de interacción complejas (Jensen, 2002). Las relaciones de afinidad se construyen a través del contacto físico, el olfateo y el descanso conjunto; aunque pueden presentarse conflictos, las reconciliaciones son igualmente comunes. En los sistemas de producción, reconocer tempranamente estas jerarquías y vínculos sociales ayuda a disminuir lesiones y estrés por competencia, con beneficios directos sobre el bienestar y el rendimiento productivo (Clouard et al., 2022).

Los cerdos también presentan personalidades claramente diferenciadas: algunos individuos muestran perfiles más proactivos —impulsivos y dominantes— mientras que otros son más reactivos, caracterizados por conductas cautas y tranquilas (O’Malley et al., 2019). Estas variaciones temperamentales influyen en su manejo, en la forma como responden al estrés y en su desempeño productivo. Incluso se han identificado correlaciones entre la lateralidad cerebral —ser diestros o zurdos— y el nivel de sociabilidad, lo que refuerza la complejidad del comportamiento porcino (Goursot et al., 2019). Reconocer estas diferencias dentro de la granja contribuye a mejorar la gestión de los grupos y favorece el bienestar general de los animales.

Los cerdos no solo poseen capacidades cognitivas complejas: también experimentan emociones. Diversos estudios han demostrado que pueden presentar contagio emocional; es decir, cuando un individuo se estresa, los demás miembros del grupo manifiestan cambios fisiológicos y conductuales similares (Reimert et al., 2013). La oxitocina —frecuentemente denominada la hormona del cariño— desempeña un papel central en estas respuestas afectivas y sociales. En consecuencia, un grupo emocionalmente estable, feliz y tranquilo tiende a rendir mejor y a presentar menor susceptibilidad a las enfermedades. De hecho, los lotes con un manejo emocional adecuado muestran niveles reducidos de cortisol, menos lesiones y una mejor conversión alimenticia, lo que se traduce en bienestar y eficiencia productiva (Krugmann et al., 2020).

El juego es una de las expresiones más claras del bienestar animal. Correr, saltar, empujar y manipular objetos son conductas que reflejan estados emocionales positivos (Brown et al., 2018). Cuando las necesidades básicas están cubiertas, los cerdos juegan más, y los lechones que juegan durante el destete desarrollan mejores habilidades sociales y cognitivas.

El “baño de barro” no es una costumbre sucia, sino un comportamiento biológicamente necesario. El barro permite regular la temperatura corporal, protege la piel frente a la radiación solar y a los parásitos, y además ejerce un efecto calmante sobre los animales (Bracke, 2011). Esta conducta suele tener, incluso, un componente social, pues es común que varios cerdos disfruten del mismo charco al mismo tiempo. Facilitar el acceso a baños de barro en condiciones de calor contribuye a reducir la frecuencia respiratoria y a mejorar la homogeneidad del lote, favoreciendo el bienestar y el desempeño productivo (Huynh et al., 2023).

El hocico del cerdo es un órgano sensorial altamente especializado. Les permite hurgar, explorar y reconocer objetos mediante el olfato y el tacto. En ausencia de sustrato, los cerdos redirigen ese impulso natural hacia las barras o los compañeros, causando problemas de bienestar (Jensen, 2002). Por eso, ofrecer materiales manipulables reduce el estrés y fomenta conductas naturales.

Comprender el comportamiento y las emociones de los cerdos no solo tiene valor ético: también es económicamente relevante. Los animales manejados con respeto y estimulados de forma positiva presentan menos lesiones, mejor ganancia de peso y canales de carne de mejor calidad (Marino & Colvin, 2015; O’Malley et al., 2019). Un cerdo feliz, literalmente, es más rentable.

🐽 Los cerdos pueden reconocer su nombre y acudir cuando los llaman.

🐷 Son capaces de recordar quién les trató bien o mal en experiencias previas.

🐖 Emiten más de 20 tipos distintos de vocalizaciones, algunas exclusivas para expresar alegría o frustración.

🐽 Tienen sueños durante el sueño REM — fase del sueño que se caracteriza por una intensa actividad cerebral, similar a la que ocurre cuando estamos despiertos, al igual que perros y humanos

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